Anduva, la mácula de Pochettino

Tratará Mauricio Pochettino de completar, este miércoles por la noche, una de sus conquistas más sentimentales, la eliminación del Barcelona en la Champions League, al mando del Paris Saint Germain, tras el 1-4 de la ida en el Camp Nou. Una misión que le llevaría a alcanzar unos cuartos de final que, cambiando de competición, son muy vigentes esta semana en la memoria de quienes –como el entrenador hispanoargentino– militan en el Espanyol.

Muy lejos del majestuoso Parque de los Príncipes, aunque paradójicamente con más público del que habrá esta noche, 6.000 espectadores –180 de ellos, pericos–, vivió Pochettino el mayor borrón de su carrera como técnico, el 25 de enero de 2012. Fue en Anduva, el estadio que al que el Espanyol regresa este próximo sábado con la obligación de ganar, tras haber abandonado la zona de ascenso directo a Primera, y que aquella noche se convirtió en un auténtico infierno para el Sheriff de Murphy y sus jugadores, en la Copa del Rey. Desde la entrada, con un pancartón que rezaba ‘Esto es Anduva’ al estilo ‘This is Anfield’, a un final de partido realmente demoledor para unos y heroico para los locales, para un Mirandés que completaba una auténtica gesta.

Visto con perspectiva, los precedentes invitaban a Pochettino a andarse con ojo. No solo venían los burgaleses de eliminar a dos Primeras, sino que en la ida, disputada en Cornellà-El Prat, habían mandado en el marcador, con un 0-2, hasta que en el 84′ se puso las pilas el Espanyol y en cinco minutos remontó con goles de Vladi Weiss, Rui Fonte y Joan Verdú. Precisamente la ausencia del mediapunta catalán en la alineación de Anduva fue el primer punto de polémica de una velada terrorífica. «Preguntadle a él», dijo Pochettino sobre la suplencia, al final del partido. «Tenía molestias, yo siempre quiero jugar», zanjó Verdú.

El guion no pudo escribirlo más que un maestro del suspense, ya que parecía sentenciar el Espanyol la eliminatoria con un tanto de Rui Fonte nada más iniciarse el segundo tiempo. Pero Pablo Infante, que adquirió carácter de celebridad en aquel torneo, probó en el 58′ desde fuera del área y obtuvo premio, con la colaboración involuntaria de Raúl Baena, que llegó a tocar el balón lo justo para desviarlo. Y en el minuto 92, se producía la falta lateral que desbordó la euforia del Mirandés y la desesperación de los pericos.

Quien estaba en Anduva aquella gélida noche podrá recordar que el gol se percibía en el ambiente, mucho antes de que Infante botara la falta. Mucho antes de que Nauzet Alemán subiera al remate, añadiendo épica al asunto. Y así fue. El esférico llegó a la cabeza de César Caneda –veterano entonces, con 33 años, y más ahora, que sigue jugando en Segunda B a sus 42–, quien conectó para batir a Kiko Casilla. ‘Esto es Anduva’, y tanto que así fue.

Con la locura instalada en el coqueto estadio, soltó Carlos Pouso, el preparador local: «Estoy más feliz que Mourinho, que el pobre ni ganando la de Dios está contento«. Mucho más contenido, obviamente, se mostró un Pochettino que consideró como «un palo muy grande» la eliminación y destacó que ni habiendo marcado cuatro goles en los dos partidos habían podido acceder a las semifinales.

Consecuencia o no del «palo», curiosamente aquel Espanyol experimentó un antes y un después de su paso por Anduva. Antes de medirse con el Mirandés, en LaLiga marchaba quinto clasificado e igualado a puntos con el cuarto, es decir, peleando descaradamente por la zona Champions. Desde su desoladora noche, solo sumó 14 puntos en las 18 jornadas restantes, por lo que acabó en decimocuarta posición y a solo cinco puntos del descenso.

No cabe duda de que Pochettino aprendió aquel 25 de enero de 2012, pues no hay más que ver su currículum posterior, alcanzando una final de la Champions con el Tottenham y actualmente de nuevo aspirando a todo con el PSG. La pelota está ahora en el tejado del Espanyol, que buscará revancha ahora que por primera vez regresa a Anduva, y que tratará de revertir lo que sucedió entonces: que su visita al Mirandés suponga el final de una mala racha y el inicio de una trayectoria ascendente. No le queda otra.

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